Se expande hacia los lados, espléndida, sin límites. Como las aves del paraíso, nos cautiva. Un cuerpo exuberante y poderoso que se abre camino extendiendo alas imaginarias. La luz proyectada desde el techo la ilumina y acentúa su presencia y ligereza.
Curvas que se mueven abrazando el aire, entretegiéndose entre ellas, creando un movimiento singular, que se convierte en baile, en ritual. El océano elevándose, un rio jugando. Una recreación de la naturaleza siempre salvaje, única e inabarcable. Arturo Álvarez vuelve a reinventar de forma lúdica formas naturales y bellas que no dejan de embelesarnos.
Contundente, magnífica y rotunda, rinde homenaje a la ciudad que le da su nombre. Cargada de simbolismo, la belleza de su misterio se manifiesta en las curvas y vueltas sobre sí misma. Iluminada desde el techo, remarca los volúmenes, proyectando bellas y delicadas sombras.
Savia es una recreación del árbol del mundo en la mitología nórdica, que conecta con el cosmos. Es el eje central y símbolo de la vida, el conocimiento y el destino. La escultura, con sus múltiples curvas que se entrelazan delicadamente, adquiere majestuosidad y elegancia.
Un símbolo vinculado a Santiago de Compostela y a su leyenda. La Vía Láctea como guía de los peregrinos a lo largo de la historia. Una escultura suspendida de gran formato, con fuerte presencia visual. Al ser iluminada desde el techo, refuerza su carácter y transforma el espacio, llenándolo de misterio y fuerza poética.
Alegoría sobre el dios griego del viento del oeste. La escultura se transforma, con sus delicadas curvas, en un aire suave y apacible, mensajero de la primavera y fructificador de la tierra. La pieza es delicada y, al mismo tiempo, contundente: una brisa suave llegada de poniente.