Madera esculpida por el tiempo, es recogida por Arturo Álvarez. A partir de la técnica japonesa tradicional Yakisugi transforma sutilmente cada pieza a partir del fuego, revelando sus vetas, protegiendo su esencia y convierte cada escultura en una expresión única de diálogo entre naturaleza, materia y creador.
Las piezas de esta serie abordan el deterioro de la sociedad actual y sus múltiples desafíos. Apuntando, sin embargo, a un horizonte de esperanza, “deteniendo la oxidación”.
Plié es una escultura que observa y explora el cuerpo en sus múltiples posibilidades de movimiento. Curvándose de maneras impensables y bellas, se relaciona con el otro, creando juntos formas universales y reconocibles de expresión humana.
El cuerpo humano se estira y dialoga con el otro, dando y recibiendo a través de movimientos conjugados y armónicos. Las extremidades se expanden apuntando al infinito. Se crea una intimidad conmovedora y sutil que llena el espacio.
Igual que el río Indo, esta escultura proyecta magia sumiéndonos en un mundo onírico. Sus remolinos y curvas, el rumor del agua y su movimiento, se intuyen. Una pieza de gran dinamismo, acentuado por la luz que cae y la baña desde el techo, produciendo un efecto teatral.
Una forma que sorprende al proyectarse, dejando al descubierto la vulnerabilidad del cuerpo humano. Luz y sombra revelan su complejidad íntima y poética.